In Memoriam Gonzalo Rojas

Se va Rojas, el Gonzalo, silabeando, cifrando la muerte

hacia finales de abril en el 2011.

 

Se va como en un lento relámpago, relámpago…

 

Relámpago, pies para qué te quiero;

enojoso relámpago de la infancia.

 

El Rojas y sus amoríos, el Rojas y la miseria del hombre,

el Rojas Gonzalo de los barrancos de Lebu,

llevando carbones encendidos en las manos

y una lágrima rota de la poesía.

 

Gonzalo Rojas, renegador de oropeles y ceremonias.

 

Deja la metáfora feroz, versos y frases golpeando

no solo en el vacío sino en el tiempo,

teniendo a mano la rajadura de un cielo chillanejo,

la sombra coloreada del puerto de Valparaíso,

ventanas de la noche dando al abismo,

¡ah!, fundador del puerto,

miserias humanas, ventoleras del norte iquiqueño,

la pampa atacameña, aridez, peñascos en la noche,

viento de la puta madre, una cama china,

papeles quemándose

/en el fuego de las palabras.

 

Se va el Rojas, cortado, por el aire enrarecido

de un país que escupe sobre su propio destino.

 

Se va llorando por nosotros el Rojas, Gonzalo.

Se va el Rojas, cortado, como un cometa que ha perdido

su ligazón terráquea.

Se va con gorra y todo, se desembarca del Torreón

y del Renegado, río.

 

Se va y seguramente lo esperan en la muerte

Sebastián Acevedo, Miguel, el Miguel que todos sabemos,

un toqui del ayer y del futuro, la egipcia de quedeshím quedeshoth,

los poetas y poetisas,

la Mistral, de Rokha, el Neruda,

Rimbaud con la pierna podrida,

 

Huidobro, Celan emergiendo del Sena,

Lautreamont, Apollinaire,

Lihn, Teillier. El padre y la madre...

 

Se va ahora mismo; pero antes

deja arrojado el guante: escriban un poema sobre el largo

y estrecho litoral chileno, poetas.

 

Y lo vimos andar por su costa,

al pie de la marea, bamboleándose con más de 90 años a cuestas,

desafiante,

remoto, ya medio yéndose,

y allí tiró el guante

y luego los pájaros repitieron su reflexión,

él mismo se dio cuenta de eso,

de los pájaros picoteando esa memoria del océano

cuando escucharon de su voz el poema de Huidobro

Monumento al Mar, lo hicieron suyo,

los pájaros de la costa.

 

Se va en este mes … del año en curso,

el Rojas amatorio,

declamando con ronca voz,

se va de un viaje y no vuelve,

y perdemos todos, honda, terriblemente. Entonces

hay que echar su palabra al viento, esa campana,

el badajo quemante de la poesía franca.

 

Porque el cuchillo sigue temblando pero ya no sobre la madera,

cimbrando como el relámpago mismo,

el cuchillo de Rojas, Gonzalo. Poeta. Cimbrando invicto

en el umbral de la eternidad, el cuchillo

de Gonzalo Rojas. Poeta.

 

 

Renard Betancourt

 

 
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