La performance de José Antonio Kast: nazis, empresarios, golpistas y ultra derechistas.

Clan Kast y los cuervos

La funa es el arma mínima de la que dispone un pueblo al que se le niega justicia y verdad.

El símbolo de la impunidad: Pinochet; rescatado desde Inglaterra por la Concertación -Frei, Insulza, etc.-, recibido con honores por el Ejército y que -sin haber pagado un día de cárcel ni un peso por sus estafas- fallece apaciblemente para ser ungido como héroe ante la mirada atónita de Chile. Y no era para menos: estaba protegido por la Concertación, fachada de ex golpistas disfrazados de demócratas, y por el empresariado internacional y criollo, del cual no fue sino su mano ejecutora, la mano que asesinó en defensa de los intereses de la clase dominante. Entre ellos, el Clan Kast, conformado por nazis, empresarios y políticos que hasta hoy mantienen su poder e influencia. José Antonio, un ejemplar de dicha tribu, sin embargo pasó la raya con su defensa a viva voz y por cadena nacional de los asesinos, violadores de derechos humanos, persecutor de los comuneros mapuches y castigador de las mujeres que luchan por su libertad y derechos. No sólo afirmó “Solo una maquinación intelectual es capaz de decir que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo”, sino también, “Yo no negocio ni converso con terroristas que han incendiado y quemado iglesias, casas y personas”, o refiriéndose al golpe: “Las fuerzas armadas no usaron la fuerza para tomarse el poder, sino para recuperar Chile”. Y ni que decir respecto de los criminales residentes en Punta Peuco que realizaron su habitual misa de Navidad, teniendo como invitado especial José Antonio Kast, quien recibió una ovación de pie. Así, ya era hora que alguien le dijera ¡basta! Los nazis están ilegalizados en Alemania, por lo menos que en Chile no los dejen entrar a las Universidades. Bien por los estudiantes, bien por la memoria, bien por el futuro, bien por la dignidad de las mujeres y hombres luchadores por un mundo mejor. La funa es el arma mínima de la que dispone un pueblo al que se le niega justicia y verdad, y hay que hacer uso de ella.

Ofrecemos a continuación dos documentos y dos anexos. El primero, la carta que envió la Federación de Estudiantes de la UNAP a rectoria rechazando la visita de J. A . Kast dos días antes que ésta se produjera; y el segundo, la declaración de los funcionarios y académicos de la UNAP en que denuncian la provocación que dicha visita significaba. En los Anexos una estampa del Clan Kast: el primero, una nota mercurial que los ensalza como empresarios y políticos, y el segundo, un extracto del libro de Javier Rebolledo – A la sombra de los cuervos– que muestra sus conexiones nazis y el rol como “complices pasivos ” – en realidad activos- en la persecución de los trabajadores desde antes y sobre todo desde el mismo día del golpe del 11 de septiembre de 1973. Editor CT.

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Petición de Federación de Estudiantes UNAP  Iquique a Rectoría rechazando la visita de José Antonio Kast.

 

Fuente: https://www.facebook.com/feunap.cl

 


LA POSICION DE LOS FUNCIONARIOS Y ACADEMICOS DE UNAP.

La Asociación de Funcionarios Académicos de la Universidad Arturo Prat, emitió una declaración pública, respecto a los hechos ocurridos al interior de esa casa de estudios, donde José Antonio Kast fue agredido y debió hacer abandono del recinto. Ante ello señala el texto:

Lamentamos que se use el espacio universitario para mantener figuración política y victimización personal, en especial de quienes caen en la trampa de conceder legitimidad a su visita, olvidando que su accionar, más allá del ámbito educacional, es intolerante y opuesto a todas las reivindicaciones ciudadanas que hoy se expresan en nuestro país.

DECLARACIÓN COMPLETA

Hoy el campus Playa Brava de nuestra Universidad vio alterado su accionar docente debido a la visita no deseada del dirigente de ultra derecha J. A. Kast, quien recibió el repudio de estudiantes, académicos y funcionarios de la UNAP, como también de integrantes del movimiento social local.

José Antonio Kast, desconcertado e impotente, en medio de la funa estudiantil en Iquique este miércoles 21 de marzo de 2018.

Como asociación de Académicos UNAP no permanecemos indiferentes frente a esta provocación de quien sabía que recibiría esta respuesta, puesto que la comunidad universitaria mantiene su lucha por la recuperación plena de la Educación Pública, de la cual el repudiado dirigente político es enemigo acérrimo.

Lamentamos que se use el espacio universitario para mantener figuración política y victimización personal, en especial de quienes caen en la trampa de conceder legitimidad a su visita, olvidando que su accionar, más allá del ámbito educacional, es intolerante y opuesto a todas las reivindicaciones ciudadanas que hoy se expresan en nuestro país.

¡Qué contradictorio, quien defiende la privatización de la educación concurre a la Universidad Pública y en el mismo auditorio que lleva el nombre del poeta Oscar Hahn, quien sufrió arresto, atropellos y exilio de la dictadura que él defiende!

Creemos oportuno citar la opinión entregada hoy por el Dr. Haroldo Quinteros, quien frente a estos hechos nos recuerda el principio de Aristóteles (Ética de Nicómaco) en cuanto todo tiene su límite, incluidas las virtudes (“exceso de valentía es temeridad; de prudencia es cobardía; de bondad es debilidad”).

Sabias y justas palabras para los hechos y reacciones de lo ocurrido hoy en la UNAP.

21-03-2018.

Asociación de Funcionarios Académicos de la Universidad Arturo Prat

Fuente: http://edicioncero.cl/2018/03/academicos-acusan-a-kast-de-uso-de-espacio-universitario-para-mantener-figuracion-politica-y-victimizacion-personal/

 


Anexos  CT:

1. Notas mercuriales sobre los Kast.

Historia del clan Kast mezcla negocios, política y religión

por Valeria Ibarra M. /Economía y Negocios / El Mercurio / Domingo, 31 de julio de 2011.

Más de agraz que de dulce han sido estos días para el clan Kast. Los dos miembros de la familia que están en la primera línea política -el diputado de la UDI José Antonio Kast y su sobrino y ex ministro de Planificación, Felipe Kast- debieron tomar decisiones difíciles. El parlamentario quería uno de los cupos senatoriales vacantes tras los cambios ministeriales, pero al final optó por dar un paso al costado y que entrara a la Cámara Alta la ex vocera Ena von Baer y el diputado de su partido Alejandro García-Huidobro. Su sobrino Felipe no lo pasó mejor. Salió del gobierno y negoció esta semana los términos para seguir aportando al servicio público en la reconstrucción, pero pedía condiciones y facultades más claras, que al final logró cuando fue nombrado delegado presidencial para la reconstrucción.

Si algo caracteriza a esta familia es la facultad para superar adversidades. La primera generación en Chile, Miguel Kast Schindele y Olga Rist, debió enfrentar la muerte de tres hijos. Uno de ellos es el ex ministro de Planificación, ex titular del Trabajo y ex presidente del Banco Central Miguel Kast Rist, quien partió dejando cinco hijos, uno de los cuales, Felipe, lo sucedería casi 30 años después en la cartera de Planificación.

De Bavaria a Buin

Miguel Kast Schindele llegó a Chile en 1951 y se instaló en una parcela en Buin, entre la carretera y el tren, donde hasta hoy reside. En Oberstaufen, Bavaria, quedaba su esposa Olga Rist y sus dos pequeños hijos, Miguel y Bárbara, que llegarían al país al poco tiempo con cuatro y dos años, respectivamente. Huía de Europa y se vino al lugar más alejado, donde no pudiera alcanzarlo la guerra.

Probaron criar pollos y hortalizas, pero acertaron con una fábrica de cecinas y luego con la preparación de sándwiches que hacía Olga Rist. Así partiría la fábrica y el restaurante Bavaria.

Miguel y Olga tuvieron diez hijos: Miguel, Bárbara, Mónica, Erika, Christian, Verónica, Gabriela, Hans, Rita y José Antonio Kast Rist. Pero tres se les van. La primera, Mónica, murió con sólo dos años ahogada en la acequia que hay en la parcela de Buin; Bárbara falleció a los 18 años en un accidente de tránsito y el mayor, una figura clave en la política chilena, Miguel Kast, perdió la guerra contra el cáncer cuando sólo tenía 34 años.

¿Cómo son los Kast Rist? “Somos una familia muy unida, hijos de inmigrantes alemanes, por lo que nuestro apoyo directo fuimos nosotros mismos. No teníamos familia en Chile. Nos enseñaron a surgir mediante el esfuerzo, la perseverancia, y también nos hizo crecer el dolor como familia de perder a tres hermanos”, cuenta Gabriela Kast, profesora que también se ha desarrollado como autora de libros infantiles.

José A. Kast, militante de la UDI, que luego, por considerarla ideológicamente debilitada, se separa y comienza su carrera política como “independiente de derecha”.

Este clan es muy cercano a la fe, en especial la religiosidad que se vive en Schoenstatt, la que según varios miembros de la familia, partió con la madre. Bárbara era una reconocida líder dentro del movimiento, Hans se hizo sacerdote -fue uno de los denunciantes en el caso Karadima- y también su sobrino Miguel Kast Sommerhoff..

Los Kast Rist son de familias numerosas. Todos tienen en promedio siete hijos, salvo el diputado UDI José Antonio Kast, que tiene nueve. “El fue el décimo, por eso se afana en tener muchos hijos”, bromea uno de sus sobrinos.

También son unidos. Para las navidades y los cumpleaños de sus abuelos aparecen los siete hijos Kast Rist y los 49 nietos y la veintena de bisnietos.

Los abuelos Miguel y Olga tienen una parcela en el camino de Puerto Varas a Ensenada, donde también crían animales que sustentan el negocio familiar, y en la misma zona poseen viviendas el diputado José Antonio Kast, sus hermanas Rita, Verónica y su hermano Christian. Este verano, por ejemplo, allí veraneó el ex ministro de Planificación junto a sus tres hijos y su esposa cubana Emelia Puga, a quien conoció en 1999 cuando fue a estudiar un año a La Habana.

A diferencia de otros descendientes de alemanes, los Kast han desarrollado su vida fuera de la colonia. La primera generación que nació en Chile habla alemán porque era el idioma con que se comunicaban con sus padres, pero la segunda generación sólo unos pocos -como el sacerdote Miguel Kast Sommerhoff- se mueven con fluidez en esa lengua. Sin embargo, siguen ligados muy fuertemente a esa cultura. El fundador del Bavaria y su esposa tienen una casa en Oberstaufen, Alemania, que visitan cada vez menos, pero a la cual van sus hijos y nietos.

Empresas y política

El restaurante Bavaria nació cuando Olga Rist empezó a hacer lomitos y venderlos en un kiosco en Buin y se complementó con Cecinas Bavaria, que se funda en 1964. Hoy Miguel Kast Schindele no se mete en el negocio, ya que desde el 2000 está a cargo su hijo Christian Kast Rist y de la hija de éste, Andrea, traspaso que marcó el despegue de la industria, que hoy tiene más de 50 locales Bavaria en el país, la fábrica de cecinas, un matadero, entre otros negocios.

Además de Christian, hay varios emprendedores dentro de la familia. Rita Kast tiene junto a Bernardita Marín la empresa KyM Ventas, expertas en hacer ventas de garage . Esta emprendedora está casada con el cardiólogo de la UC, Gonzalo Urcelay. La hija de Erika Kast y Alfonso Maira, Francisca, trajo la marca colombiana de máquinas de café Super Coffee.

El fallecido ex ministro Miguel Kast también fue emprendedor en su tiempo. Empezó a trabajar a los 14 años y poco tiempo después compró, con sus ahorros, una trilladora y se dedicó a cosechar los campos de Buin al sur.

Gabriela Kast, casada con el rector del Duoc, Jaime Alcalde, es escritora de libros religiosos para niños, una afición que “nació después de haber hecho clases durante 12 años en el Colegio Santa Úrsula de Vitacura y de haber tenido una infancia rodeada de un ambiente sobrenatural muy grande. La fe de mi madre fue un pilar fuertísimo para todos nosotros… y creo que de ahí viene todo nuestro anhelo de Dios y ganas de que mucha gente lo conozca para ser feliz”, cuenta esta creadora.

Los Kast son muy ligados a la UDI. José Antonio coqueteó con el gremialismo desde que estudiaba derecho en la UC. Se integró a la vida política en 1996, siendo elegido concejal por Buin, más tarde, en el año 2000, salió electo diputado. Este parlamentario es uno de los pilares morales de Felipe Kast, que también pertenece a esa tienda política. Otro militante de la familia es Andrés Tocornal Kast -hijo de Verónica Kast y Andrés Tocornal Vial- que fue concejal en Buin, al igual que su tío.

Los herederos “políticos” de Miguel Kast Rist

Al morir, el ex ministro del Trabajo tenía cinco hijos: Miguel, Pablo, Felipe, Tomás y Bárbara. El primero eligió el sacerdocio; el segundo optó por la arquitectura; el tercero, por la política y la economía. Tomás, después de dedicarse al turismo aventura, decidió estudiar ingeniería comercial y Bárbara es socióloga. Tras quedar viuda, Cecilia Sommerhoff se casó en 1990 con el ex director del Servicio de Impuestos Internos (SII) y ex ministro de Transportes y Obras Públicas, Javier Etcheberry, quien es muy cercano a Felipe, Tomás y Bárbara, los más chicos del clan, a quienes conoció cuando no tenían más de 10 años. Con el el ex ministro de Planificación tiene una estrecha relación y es su mayor fan . Felipe también es cercano a su tío José Antonio Kast.

El parlamentario fue clave en que el ex ministro optara por la política. “Cuando tenía 15 años me gustaba el básquetbol y tenía promedio 5,6. Quería estudiar en EE.UU. y mi abuelo no quería. Mi tío me convenció de que sería más feliz si estudiaba y trabajaba por mi país, como lo había hecho mi padre. Al otro año ya era el mejor del curso”, ha contado Felipe Kast.

 

Fuente: http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=87098

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2. La sombra de los Cuervos: El Clan Kast.

En las horas inmediatamente posteriores al golpe de Estado de 1973, Paine comenzó a vivir intensas jornadas de detención, tortura, asesinatos y desapariciones de personas. En su mayoría, las setenta víctimas mortales de la zona fueron campesinos beneficiados por la Reforma Agraria que había ex­propiado terrenos a los grandes latifundistas en beneficio de los trabajadores.

Eso explica que los terratenientes, en conjunto con empresarios y peque­ños comerciantes de derecha, se unieran a Carabineros de Paine y militares de San Bernardo para protagonizar la venganza que tomó la forma de secuestros individuales y masivos.

Uno de los ex empleados de la fuente de soda Bavaria -hoy una cono­cida cadena de restaurantes, rotiserías y fábrica de cecinas-, Pedro Vargas Barrientos, durante la Unidad Popular había intentado organizar un sindicato dentro del local propiedad de la familia Kast Rist. Esto le costó la salida del establecimiento.

Cuando fue detenido, el 13 de septiembre de 1973, el joven militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) se encontraba haciendo la cola para comprar pan. En ese momento, civiles y carabineros lo secuestraron y lo hicieron desaparecer.

Años después, ya durante la transición a la democracia, una causa por los crímenes de Paine llevó a la justicia hasta el lugar donde Pedro había trabajado junto a otros integrantes de su familia: el Bavaria. El pater familia, Michael Kast Schindele, fue interrogado en calidad de inculpado. Uno de sus hijos, Christian, también debió comparecer ante la justicia.

En Paine muchos supieron que Michael Kast facilitó alimentos a los ca­rabineros, además de un camión rojo con chofer, en el que posiblemente se detuvo a campesinos. Su hijo Christian compartió asados con civiles y uniformados actualmente procesados, en el mismo lugar donde los deteni­dos eran torturados en esos momentos y desde donde luego desaparecieron. Además, un detenido que sobrevivió a un fusilamiento lo identificó judicial­mente en interrogatorios y golpizas. Christian no lo reconoce, pero sí recor­dó que mientras estaba en la subcomisaría de Paine conoció la identidad de un detenido que, posteriormente, pasó a engrosar la larga lista de detenidos desaparecidos.

Los Kast Rist odiaban el comunismo, como denominaban a toda forma de pensamiento socialista. Michael había combatido durante la Segunda Guerra Mundial en el Frente Oriental, en territorio de la Unión Soviética, y luego en Italia, como oficial del Ejército nazi hasta el fin del conflicto. Atormentado por la persecución de las nuevas autoridades, que dudaban de su real parti­cipación en el conflicto, decidió partir a Chile, en un episodio que se parece demasiado al de criminales de guerra que efectuaron similar camino.

Instalados en Chile, ya seguros, los Kast harían lo posible por combatir el marxismo. Esta determinación le sería luego heredada a su descendencia.

Por eso, luego de la venganza protagonizada por civiles -entre ellos los Kast- en contra de los campesinos de Paine favorecidos por la Unidad Po­pular, para la familia se abrieron nuevas oportunidades. Su negocio comenzó la expansión definitiva y el hijo mayor del matrimonio, Miguel Kast Rist, ingresó a trabajar en la Oficina de Planificación Nacional (Odeplan), ente del Estado que, durante la dictadura, impulsó y llevó a cabo prácticamente todas las modificaciones al sistema económico chileno.

Miguel había integrado el Movimiento Gremial de la Universidad Ca­tólica. Como varias generaciones de esa casa de estudios, luego viajó a la Universidad de Chicago y adoptó los postulados económicos ultraliberales.

Desde Odeplan y luego como ministro del Trabajo elaboró y comandó las reformas laboral, previsional, educacional y sanitaria, entre otras. Entendía que su misión era propagar el mensaje ultraliberal a cada universidad del país, a cada ministerio, a cada departamento estatal, para así evitar el retorno al socialismo.

Por eso se preocupó especialmente de colocar a muchos egresados de la Católica, con posgrados en Chicago, en puestos estratégicos del aparato público. Cristián Larroulet, Joaquín Lavín, Evelyn Matthei y José Yuraszeck, quien si bien no estudió en la Católica, sí fue a Chicago, son algunos de los integrantes de esa generación que reconocen en Miguel Kast a su principal mentor y motivador.

La mayoría de ellos se caracterizó porque luego de integrar el servicio pú­blico pasaron a formar parte de los directorios de empresas que ellos mismos habían ayudado a privatizar durante su pasada por el Estado. Esto redundó en que hoy parte del entorno directo de Miguel -discípulos, compañeros y maestros- se encuentran directamente involucrados en escándalos como los casos Penta, Soquimich y Ley de Pesca, donde ha quedado en evidencia que los poderes fácticos han subyugado al poder político desde mucho antes de lo que la ciudadanía imaginaba.

Desconocido hasta ahora, en este capítulo se revela que el hombre eleva­do prácticamente a la categoría de santo por la derecha, colaboró con el de­partamento económico de la DINA, policía terrorista al servicio del dictador Augusto Pinochet, a quien quería como a un padre.

Gracias a su posición privilegiada, Miguel Kast fue, además, parte de la Cooperativa de Ahorro y Crédito La Familia, quizás el primer ejemplo de cómo gremialistas utilizaron dineros de los más pobres para financiar labores políticas, práctica que involucró directamente a su líder Jaime Guzmán.

Además, Kast se enriqueció personalmente -al igual que otros de su en­torna- con los beneficios tributarios otorgados a las plantaciones forestales Y que, desde su puesto, supo aprovechar.

La historia de los Kast, como la de Miguel y los tecnócratas cambiando todo de raíz, grafica cómo esa hegemonía habría sido imposible sin un régi­tnen dictatorial de por medio.

Crímenes como el de Pedro Vargas; el sufrimiento amargo de su hermana Sylvia y su búsqueda sin cansancio; el dolor de reconocer que no volvería; las Peripecias de Alejandro Bustos -torturado y luego ejecutado sin éxito-, son parte de lo mismo: historias imposibles sin la complicidad absoluta de estos civiles con la metralla, la tortura y la desaparición.

Entonces esta es también la historia de los denominados «cómplices pasivos», aquellos que dicen no haber sabido, que aseguran haber llevado anteojeras que les impidieron ver el horror que los cambios estructurales dejaban como manchones en el trazo de sus firmas en documentos oficiales. El núcleo de otro horror, uno de guante blanco, acunado, escondido y rugiente bajo la sombra de los cuervos.

Fuente: Javier Rebolledo: “A la sombra de los cuervos.- Los cómplices civiles de la dictadura”. Editorial Ceibo, agosto 2015, Santiago. Págs. 201-204.

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